La muerte: Un Amanecer

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Hacía un tiempo que no escribía en el blog y hoy he encontrado un momento para volver a hacerlo, además de un tema que es crucial en la vida de todo ser vivo, la muerte, y es que no se puede hablar de la vida sin enlazarla con la muerte ya que aqui estamos cumpliendo un ciclo, la vida es un circulo.

Y ¿Por qué quiero hablar hoy de esto?, pues porque para mi la muerte es una vieja conocida con la cual me he vuelto a reencontrar el pasado lunes cuando mi madre me llamaba por teléfono llorando para decirme “Hija, mi hermano ha fallecido”, su único hermano y mi tío lógicamente, al cual quería y quiero muchisimo.

Bien, cuando suceden estas cosas vienen a tu pensamiento en mi caso al menos recuerdos, recuerdos bonitos de tu ser querido que se te ha ido, y ya no volverás a ver mas y a disfrutar de su compañía, al menos aqui en la Tierra, porque como el título de esta entrada indica, la muerte en verdad no existe, la muerte es un amanecer a otra vida, la verdadera vida, este mundo es una ilusión, la realidad es el mundo que no conocemos que es de donde venimos. Y por eso digo que es una vieja conocida para mi, porque yo ya he estado “muerta”, porque yo ya he vivido cuando contaba con 17 años (exactamente cumpliéndolos) lo que es estar clínicamente muerto, lo que es no estar aqui si no estar “alli” literalmente (ya que tuve una Experiencia Cercana a la Muerte), y porque por ello digo que la muerte no existe, ya que lo he experimentando en mi misma. Cuando te vuelves a encontrar con ella, en este caso por un familiar directo, a mi me resulta inevitable recordar todo lo que vivi con aquella experiencia que tuve, y por ello también pienso lo estupendamente que estará ahora mi tío alli.

Yo siempre he dicho y digo que la Vida es un colegio, o si lo preferís la Universidad, aqui vienes a aprender lecciones para crecer espiritualmente, y una vez que has aprendido lo que necesitas, te “graduas”, te vas, vuelves a la Fuente, vuelves a Dios, como prefiráis llamarlo.

Debido a todo ello, quiero compartir con vosotros un recuerdo. Hacía tiempo que no pensaba en la muerte, creo que es porque lo tengo ya tan integrado en mi que no me preocupa, pero cuando vuelves a encontrarte con ella vuelven a surgir los mensajes que resuenan en tu interior totalmente.

El recuerdo que quiero compartir es el de un libro que leí hace bastante tiempo pero que me dejo impactada, una obra que todo el mundo debería de leer, escrita por una gran mujer, una gran científica a su vez, La doctora de origen suizo Elisabeth Kübler-Ross, se la conoce también como “La madre de los enfermos terminales” . Me encanta hablar de esta mujer y recomendar sus libros porque son una maravilla. Son sabiduría en estado puro y sobre todo, son amor, el amor que esta increible mujer dio a tantas y tantas personas y que desprende cada una de sus líneas.

Su obra está basada en hechos científicos siempre, no está basada en ninguna religión, aunque sus vivencias con los enfermos terminales, constatan que lo que alguna religiones predican es cierto.

Mundialmente conocida por las obras en las que narra el proceso que vive una persona cuando se enfrenta al final de su vida así como las experiencias en el umbral de la muerte de muchos de los enfermos terminales que atendió durante más de 25 años en distintos hospitales -y que según su convicción demostraba la existencia de “vida después de la muerte”. Doctora honoris causa por numerosas universidades de varios países estaba considerada una autoridad en Tanatología pero internacionalmente se la conoce sobre todo por sus libros, una veintena traducidos a varios idiomas de los que se han vendido millones de ejemplares.

Siendo estudiante de medicina visitó algunos de los campos de exterminio nazi tras la guerra. Elisabeth se sorprendió de que en las paredes de los barracones donde los judíos esperaban su muerte inminente, los más pequeños, tan jóvenes que ni tan siquiera poseían creencias religiosas, habían dejado plasmados sus sentimientos con respecto a los que les aguardaba.

Y lo que más impactó a la joven psiquiatra es que, de una manera natural e instintiva, aquellos niños consideraban la muerte no como un final, sino como un proceso de cambio, una mutación de estado. Como carecían de conceptos para expresar tales sentimientos, aquellos niños lo plasmaron en dibujos de orugas que se transformaban en mariposas. Esos dibujos infantiles tocaron profundamente a Kubler-Ross, quien a partir de entonces se dedicó en cuerpo y alma a crear una nueva cultura sobre la muerte.

mariposacolores

El símbolo de la mariposa se convirtió en un emblema de su trabajo, porque para Kubler-Ross la muerte era un renacimiento a un estado de vida superior. Los niños -afirmaba- lo saben intuitivamente; si no les contagiamos nuestros miedos y nuestro dolor, ellos tienen la capacidad de enseñarnos muchas cosas.

En 1975 Elizabeth publicó entrevistas y testimonios de personas que habían vivido experiencias en el límite y habían regresado. En estas experiencias, hoy muy conocidas y estudiadas, la gente habla de la muerte como una experiencia maravillosa y del reencuentro con personas amadas que han muerto antes. “No sólo creo que hay una vida después de la muerte, sino que lo sé, tenemos datos suficientes verificables y es importante compartir este conocimiento con la gente”.

Su trabajo sobre el más allá supuso un alejamiento de muchos estamentos médicos que habían valorado su trabajo como pionera del movimiento de paliativos. Pero jamás le importaron las opiniones ajenas y a pesar del escepticismo y del rechazo de muchos de sus colegas, siguió adelante con su trabajo, ya que después de entrevistar a miles de personas en trance de muerte, no tenía dudas acerca de la supervivencia del alma.

Elisabeth Kubler-Ross dedicó muchos años a dar conferencias por el mundo y escribió más de 20 libros sobre la muerte y la vida incluyendo: Vivir hasta despedirnos, Los niños y la muerte, SIDA el último desafío, La muerte: un amanecer, y su autobiografía, La rueda de la vida.

En su último libro, “Lecciones de vida” escribió acerca de los misterios de la vida y los vivos: “Quise, finalmente, escribir acerca de la vida y el vivir”.

Y nos invita a reflexionar acerca de nuestra propia vida: ¿Realmente es así como quiero vivir mi vida? Todos nos hemos hecho esta pregunta en algún momento. La tragedia no es que la vida sea corta, sino que a menudo solo tenemos una tardía percepción de lo que realmente importa”.

Sus libros han sido traducidos a más de 25 idiomas. Fue merecedora de 28 doctorados Honoris Causa.

Se enfrentó a su propia muerte con la valentía que había afrontado la de los demás y con el coraje que aprendió de los más pequeños. Los últimos años sufrió varios infartos y sabía que su tiempo había concluido. A los 78 años falleció – hizo su transición – (como a ella le gustaba llamar al proceso de la muerte) rodeada de sus seres queridos. Su funeral fue distinto y muy emotivo. Asistieron fundadores de unidades de cuidados paliativos, de centros de duelo, centros para niños, programas para víctimas de abusos…

Solía decir: “Hazlo! No atreverte puede ser mucho más dañino que atreverte y equivocarte… Esto último al menos les da a los demás algo que perdonar, lo primero no les da nada”

Su coraje, su sentido del humor, su falta de miedo a la muerte y su capacidad para transmitir sus ideas, son un ejemplo a seguir. Nos dejó, impreso en sus libros, un gran mensaje de amor. The Elisabeth Kübler-Ross Foundation continua su labor. www.elisabethkublerross.com

Os dejo un emotivo y precioso video que resume en varias frases lo mas significativo de su libro “La Muerte: Un Amanecer”

Y por último os dejo su testamento que es complementario al vídeo, porque sencillamente cuanto mas se conozca a la muerte, mas natural la veremos y menos miedo la tendremos. Y ese ha sido mi propósito con esta entrada, reflexionar sobre la vida que va unida a la muerte, y que la muerte es vida, es una transformación, no existe la muerte.

Testamento de quien nunca creyó en la muerte
La verdad de la doctora Elisabeth Kübler-Ross se hallaba por encima de las religiones y de las coyunturas de un tiempo determinado, de una geografía. He aquí algunos retazos de esa verdad extraída de sus libros, pinceladas de esa certidumbre que fue capaz de resucitar a miles de personas que comenzaban también a “morir” un poco con la partida de seres queridos.

-Nada de lo que nos ocurre es negativo. Todo sufrimiento puede generar crecimiento.
-Todas las personas procedemos de la misma fuente y regresamos a esa misma fuente.
-Todos hemos de aprender a amar y a ser amados incondicionalmente.
-Todas las penurias que se sufren en la vida, todas las tribulaciones y pesadillas, todas las cosas que podríamos considerar castigos de Dios son en realidad regalos. Son la oportunidad para crecer que es la única finalidad de la vida.
-La vida en el cuerpo físico representa sólo una pequeña parte de la existencia real.
-No se puede sanar al mundo sin sanarse primero a sí mismo.
-Si estamos dispuestos para las experiencias espirituales y no tenemos miedo, las tendremos sin necesidad de un gurú o un maestro que nos diga cómo hacerlo.
-Cuando nacimos de la fuente a la que yo llamo Dios fuimos dotados de una faceta de la divinidad; eso es lo que nos da el conocimiento de nuestra inmortalidad.
-Debemos vivir hasta morir. Nadie muere solo.
-Todos somos amados con un amor que trasciende la comprensión. Todos somos bendecidos y guiados.
-Al final de nuestros días vamos a bendecir nuestra vida porque hemos hecho lo que vinimos a hacer.
-La lección más difícil de aprender es el amor incondicional.
-Morir no es algo que haya que temer; puede ser la experiencia más maravillosa de la vida: todo depende de cómo hayamos vivido.
-La muerte es sólo una transición de esta vida a otra existencia en la cual ya no hay dolor ni angustia.
-Todo es soportable cuando hay amor. Es lo único que vive eternamente. -Mi deseo es que usted trate de dar más amor a más personas.
– Hay tantas lecciones que aprender en la vida que es imposible asimilarlas todas en el transcurso de una sola existencia. Cuantas más lecciones aprendemos, más asuntos acabamos y vivimos más plenamente, vivimos realmente la vida. Y sin importar en qué momento morimos podemos decir: ¡Dios, he vivido!.
– En la vida después de la muerte todos escuchan la misma pregunta: ‘¿Cuánto servicio has prestado? ¿Has hecho algo para ayudar?.
– Hay muchas personas que han existido pero realmente nunca vivieron. Gastaron cantidades inmensas de energía en mantener ocultos sus asuntos inacabados
– Pasé varios años a las puertas de la muerte. A veces pensaba que ésta vendría en unas pocas semanas. Otras muchas me sentía defraudada de que no ocurriera porque estaba preparada. Pero no he muerto porque sigo aprendiendo las lecciones de la vida, mis últimas lecciones.
– Hemos pedido a los moribundos que sean nuestros maestros porque no podemos experimentar con la muerte o experimentarla anticipadamente. Debemos confiar en aquellos que se han enfrentado a enfermedades terminales para que sean nuestros instructores
– Estamos aquí para sanarnos unos a otros y a nosotros mismos. No una sanación como en la recuperación física sino una sanación mucho más profunda: la sanación de nuestros espíritus, de nuestras almas.
– La vida es una audaz aventura o no es nada.
– Es muy importante que hagáis lo que de verdad os guste. Sólo así podréis bendecir la vida cuando la muerte esté cerca
– Nuestra única finalidad en la vida es crecer espiritualmente. La casualidad no existe
– Nunca se nos da más de lo que podemos aguantar

Mensaje final

“Hay un refrán que expresa que, cada vez que un niño nace, Dios ha decidido darle al mundo una nueva oportunidad. Del mismo modo, cada día que despiertas te han regalado un día más para experimentar la vida. ¿Cuál fue la última vez que experimentaste plenamente un nuevo día? No tendrás otra vida como ésta. Nunca volverás a desempeñar este papel y experimentar esta vida tal como se te ha dado. Nunca volverás a experimentar el mundo como en esta vida, en esta serie de circunstancias concretas, con estos padres, hijos y familia. Nunca tendrás los mismos amigos otra vez. Nunca experimentarás de nuevo la Tierra en este tiempo con todas sus maravillas. No esperes pues para echar una última mirada al océano, al cielo, a las estrellas o a un ser querido. Ve a verlo ahora.”

Fuentes:

Discovery Salud

Centro de Psicologia

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  1. Pingback: El fantasma más creíble del mundo « Un lugar en el Arcoiris

  2. Para mi la muerte no existe, la vida es solo un episodio que vivimos en el largo e interminable transitar de la existencia eterna.
    Elizabeth

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