El Ratón Pérez y el Hada de las Sonrisas. Un cuento diferente y motivacional.

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El Ratón Pérez y el Hada de las Sonrisas. Un cuento diferente y motivacional.

Decía el gran genio Pablo Picasso, que “Lleva mucho tiempo crecer, hasta convertirse en un niño”, y para todos vosotros quienes habéis crecido lo suficiente, os dedico especialmente éste cuento corto que he escrito e ilustrado con todo mi cariño. Una historia diferente del Ratón Pérez, que por cierto, tiene una compañera inseparable que muchos no conocéis todavía, el Hada de las Sonrisas.

Espero que os guste mucho, que os haga pensar, y sobre todo lo que más me gustaría que os sucediera, es que os saque una bonita sonrisa. Sigamos creciendo y convirtiéndonos en niños.

Si preferís leerlo en archivo PDF, os lo dejo descargable también si pincháis AQUÍ.

Un abrazo a todos.

El Ratón Pérez y el Hada de las Sonrisas

Un cuento diferente y motivacional, dedicado a todos los niños y adultos

Érase una vez hace muchos años, en un pueblecito entre las montañas, vivía una familia de ratoncitos en el interior de un pequeño agujero en la pared, de una tienda de comestibles.

La tienda era muy concurrida y animada, ya que era el único comercio existente en donde poder comprar comida en todo el pueblo, y todos sus habitantes se abastecían allí.

En un rincón del local, estaban la panadería y confitería, y es en ésta zona, en dónde más disfrutaban los ratoncitos que vivían allí, ya que por las noches cuando el propietario del comercio cerraba el local y se iba a su casa, ellos aprovechaban a corretear por todo el lugar, para alimentarse de los pequeños restos de comida que se caían de las bolsas de los clientes, y lo que más les gustaba comer, eran las migajas de pan y dulces que encontraban por el suelo repartidos, además de los pequeños trozos de sabroso queso que quedaban desperdigados tras su corte. Un manjar para ellos.

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La familia de ratoncitos se componía de nueve miembros. El padre, la madre, y sus siete hijitos. Para ponerles sus nombres, tuvieron una idea muy original, al ser siete, decidieron que el nombre de cada uno de ellos, en su primera sílaba, comenzara como cada nota musical, de tal manera que el ratoncito que había nacido el primero, su nombre comenzaría con la primera nota musical, llamada “Do”, y al último ratoncito recién nacido, le correspondería la última nota musical, que se llama “Si”. Así que fueron bautizados en orden de mayor a menor como “Do-mingo”, “Re-gina”, “Mi-guel”, “Fá-tima”, “Sol-edad”, “Lá-zaro” y “Si-món” y su apellido, como era tradición familiar, sería el del padre de la familia, “Pérez”.

Pedro y Nieves, así se llamaban los padres de los siete ratoncitos, eran muy dichosos junto a sus hijos. El tiempo transcurría entre juegos y risas, hasta que los pequeños animales fueron cumpliendo la edad suficiente, como para poder ayudar a sus padres en las tareas cotidianas, y esos quehaceres que para ellos eran muy importantes, consistían fundamentalmente en ayudar a los más necesitados, y es que la familia “Pérez”, tenía un corazón de oro.

Sus abuelos y bisabuelos ratones, les habían enseñado que solo por tener un poco de comida cada día con la que poder alimentarte, y un techo en el que poder cobijarte era una enorme fortuna, y si además de eso puedes tener algo de ropa para ponerte, y no pasar frío en el crudo invierno, entonces hay que ser muy agradecidos a la vida, por tantos regalos otorgados, los cuales no son concedidos a todo el mundo y se deben compartir con quienes tienen menos o incluso, nada, porque como los “Pérez”, habían aprendido, “No es más rico quién más tiene, sino quién menos necesita”.

También aprendieron, que el mayor regalo o don que existe, es el amor, porque sin amor la vida no tendría ningún sentido, y es que no tener amor, ni poder darlo, es la mayor de las pobrezas. Por todo ello, se dedicaban a dar a quienes lo necesitaban, la parte que podían de lo que ellos tenían, y sobre todo también mucho amor. Su pensamiento era “Si somos tan afortunados, debemos compartir nuestra fortuna con quienes son más desdichados, para que haya un equilibrio”.

Mamá Nieves, junto con sus tres ratoncitas, Regina, Fátima y Soledad, se dedicaban a coser prendas de ropa, para regalárselas a los ratones que tenían más carencias. Los materiales con los que las ratoncitas podían coser, podían conseguirlos afortunadamente, en un comercio en el que vendían muchos tipos de hilos y de lanas, y es que éste local, estaba situado junto a su hogar, el cual podía comunicar con las dos tiendas, ya que a ambas solo las separaba una pared, la misma en la que la familia de ratones vivía.

Por su parte, Papá Pedro, salía por el mundo junto con sus cuatro ratoncitos Domingo, Miguel, Lázaro y Simón, para repartir entre los ratones más necesitados, la poca comida que podían recoger, de los restos que encontraban en el suelo de la tienda de comestibles,  para después dársela a todos los ratones que más hambre pasaban del lugar, y así poder ayudarles a sobrevivir.

Y así transcurría el tiempo, hasta que un buen día, el más pequeño de los ratones, Simón, se dio cuenta de algo de lo que no se había percatado, hasta ese mismo momento en el que sí lo hizo.

Aunque él era muy feliz ayudando a quienes no les había sonreído mucho la suerte, y se sentía muy querido por su familia y todos quienes le rodeaban, sentía que algo faltaba en su vida, como una especie de vacío interno, y no se había dado cuenta de ello, hasta ese día, en el que le pareció escuchar proveniente de su interior, una voz que le decía “Simón, tienes una misión muy especial, y un don que va a despertar”, y a partir de ese instante, cada noche cuando cerraba los ojos y antes de dormirse, hacía lo que le habían enseñado sus padres a sus hermanos y a él, cuando eran más pequeños y les decían:

– Hijo mío, cuando seas más mayor y seguramente te surjan dudas o preguntas sobre muchas cosas de la vida, cierra los ojos, imagínate un cielo repleto de estrellas, y pregúntale a la estrella que veas más brillante, todo aquello que te inquiete, porque seguro que algún día, en el momento adecuado, recibirás la respuesta que necesitas, y puede ser que de la forma en que menos imagines muchas veces.

Y así lo hizo Simón, durante varios días, cerraba sus ojos y se centraba en la estrella más brillante, preguntándola:

– Dime estrellita, ¿Por qué siento que algo me falta? ¿Por qué siento éste vacío?

Y un día, de repente, cuando Simón estaba concentrado en su estrella y en sus preguntas, ocurrió un suceso maravilloso, la estrella le respondió al fin:

-Querido Simón, abre tus ojos, no necesitas tenerlos cerrados para poder verme hoy, puesto que aquí, a tu lado, estoy.

Tal y como le dijo la estrella, abrió súbitamente sus grandes ojos azules, y no podía creer lo que estaba viendo ¡¡Su estrella sentada en su cama!! Era un Hada maravillosa de enormes alas multicolor, que despedía un brillo que iluminaba todo a su alrededor. Tenía aspecto de mujer de edad madura, con una melena increíblemente larga de color blanco que despedía destellos , y su atuendo era impresionante, ya que su cuerpo estaba cubierto por una especie de vestido, lleno de hojas verdes, y en el centro de su pecho, brotaba una gran flor colorada, que pareciera ser su corazón.

El hada comenzó a hablarle y le dijo:

– Hola, mi querido ratoncito, soy tu estrella, tu Hada Madrina, me llamo Camila, y he venido a verte, en respuesta a esa especie de vacío que sientes en tu interior.

Las Hadas Madrinas estamos velando por cada ser vivo que existe en el Mundo, y a cada una de nosotras, la corresponde hacer una determinada labor, para el buen equilibrio y funcionamiento de todo lo existente, a mí me acaban de asignar ser el “Hada de las Sonrisas”. Nosotras solo nos dejamos ver en muy raras y especiales ocasiones, cuando es estrictamente necesario que así sea, y ahora contigo, lo es.

Ser  Hada de las Sonrisas es una misión única y muy importante. Mi labor consistirá en fabricar estrellas, utilizando los dientes de leche que se caen cada día a los más pequeños. Pero, para poder recoger todos esos dientes, necesito un compañero ayudante que me los traiga al lugar en el que vivo que también será su hogar, y ese vas a ser tú, hijito, porque vosotros, los roedores, sabéis bien la importancia que tienen los dientes.

Si te preguntas por qué te he elegido, la razón es fácil, has nacido en el seno de una familia extraordinaria, y eso te hace especialmente indicado para el puesto, por todos los valores tan importantes que has aprendido, totalmente necesarios para desempeñar ésta labor, y es que, vamos a sembrar ilusión hijito, y eso también es ayudar a los demás como hacías hasta ahora, con toda tu familia. Quien no tiene ilusión o sueños en la vida, está perdido y vacío, por eso es tan importante nuestra misión.

Respondió Camila al asombrado Simón.

¡¡Qué ilusión Hada Madrina!! Necesito hacerte una pregunta, ¿Qué significado tiene fabricar una estrella de cada diente de leche caído?

-Muy sencillo Simón, como te dije antes, vamos a sembrar ilusión. Cada diente de leche caído, servirá para sembrar estrellas en el cielo, y cuando todos los pequeños a quienes se les cayeron sus dientes, crezcan y se hagan adultos, podrán mirar al cielo buscando su estrella para pedirla un deseo, y tener presente una cosa muy importante, aunque las estrellas haya momentos en el día en que no se vean, eso no significa que no estén ahí, siempre están brillando en el firmamento, recordándonos que ellas son el reflejo celestial de las sonrisas de los niños, que siguen siendo niños ahora, y de los niños que un día fuimos todos, lo cual no debemos olvidar. Siempre hay que seguir mirando hacia arriba o en nuestro interior, en busca de nuestra estrella, como tú hacías hasta ahora, soñando con ella, porque en cualquier momento, los sueños pueden dejar de ser sueños, y volverse realidad. Sin ilusión, sin sueños, no se puede sonreír, y un día que no se ha sonreído es un día perdido.

Simón estaba emocionado con la misión tan importante que le había sido encomendada, y le preguntó una última cosa más a Camila:

-Querida Hada Madrina, y ¿qué es lo que voy a tener que hacer exactamente, y cómo?

-Veo que estás impaciente hijito, porque te lo iba a decir ahora mismo – Respondió Camila

Y prosiguió:

– Lo primero es darte una indumentaria adecuada a tu nuevo trabajo.

Camila movió la fantástica varita mágica que portaba en su mano derecha, diciendo el siguiente encantamiento:

“Hazme un traje ideal, para éste ratón sin igual,

Un zurrón es necesario, para que guarde los dientes, las notas y el dinero,

Un sombrero con una brújula quiero,

Para trotar por el mundo en un segundo,

Repartiendo felicidad sin parar”

En un momento y tras estas palabras mágicas, Simón se vio convertido en un ratón muy elegante. Camila lo había vestido con un traje estupendo. Chaqueta beige con grandes solapas verdes, y en la zona del cuello, unas piedras que parecían pequeñas estrellas brillantes. Debajo de la chaqueta, un chaleco de piel color marrón oscuro, con diversos botones de metal, en doble fila. En el cuello un pañuelo rojo que le daba un toque de distinción. Pantalones vaqueros color azul, para poder estar más cómodo corriendo por el mundo. En su cabeza un gracioso sombrero alto redondeado, con una brújula en el frente adornándolo, y por último unas grandes gafas de cristales transparentes, que dejaban ver sus enormes ojos azules, eran el complemento perfecto a todo el vestuario.

Camila le explicó para qué servía ésta peculiar indumentaria:

-Simón, este traje que llevas, es un traje mágico, al igual que tu labor. La brújula en el sombrero, te servirá para guiarte en la búsqueda de cada diente, y para poder llegar a mi hogar, al cual deberás ir a llevarme todos los dientes recogidos a lo largo de la noche, para luego poder convertirlos en estrellas.

-El zurrón tiene un fondo infinito, y dos compartimentos. Un compartimento es para que guardes en él todos los dientes, y el otro compartimento es para que guardes todas las monedas, notas y fotografías. Cada vez que recojas un diente, tienes que dejar a cambio una moneda y una nota con tu fotografía, como señal de agradecimiento, que ponga lo siguiente:

“Querida/o notaratonperezangelesblog(nombre del pequeño/a),

¡¡Has perdido tu primer diente!! Me lo llevo en mi zurrón y lo convertiré en una estrella que ilumine el cielo, con su resplandor. Quizás algún día ¡¡podrás pedirle un deseo!! Cuida mucho de tus nuevos dientes, que crecerán rápidamente sanos y fuertes. ¡¡No olvides darles un buen cepillado, todos los días tras las comidas!!

Con todo mi cariño.

El Ratón Pérez.

P.D.: Por favor, no te olvides de mí cuando crezcas.

Todo esto se tiene que hacer para que los pequeños no nos olviden hijito, no olviden su ilusión, ni su estrella, cuando sean adultos, y si tienen hijos poder transmitírselo, para que ellos puedan tener esa misma ilusión, que un día tuvieron sus padres. Además, así cuidarán mejor su higiene dental y con ello podrán lucir unas espléndidas sonrisas. Sólo así nosotros podremos seguir existiendo, el día que nos olviden, desapareceremos.

-¡¡Así se hará desde ahora y hasta siempre Hada Madrina!!- Contestó Simón.

Y así se sigue haciendo hoy en día, cada noche, y ojalá que para siempre. Si alguna vez notamos que comenzamos a olvidarles, solo tenemos que mirar al cielo o cerrar nuestros ojos, porque allí estará siempre esperando nuestra estrella con una gran sonrisa, y quien sabe, tal vez algún día, baje a hacernos una visita…

FIN

Autora /Ilustradora:  Mª Ángeles A. Cienfuegos

 

 

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